Era una vez una monja que salía todos los días por la tarde del convento y nadie sabia lo que se iba a hacer. Un día, la madre superiora decide seguirla y ve que la monja esta en el rió echándose agua en sus partes intimas, y la madre superiora le dice:
-Sor Ignacia qué haces? y esta le contesta:
-La dejo morir de hambre, pero no de sed.
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