En una biblioteca estaban dos libros conversando. Dice el primero: «¡Qué día tan aburrido! Nadie me abre». Y el segundo responde: «¡Ya sé! Parecemos libros sin remedio… ¡Nadie nos consulta ni por curiosidad!» Entonces, llega un lector despistado y el primero comenta: «¡Mira! Viene alguien. ¡Actúa natural, pero interesante!» El lector toma uno de ellos, mira la portada y dice: «¡Uy! Este tiene muchas páginas. Mejor lo dejo para después». A lo que el libro le susurra al otro: «¡Te dije que deberías haber hecho dieta de palabras!»