En un café, un té y un jugo deciden hacer una carrera. El café, muy energético, empieza a toda velocidad. El té, calmado, avanza sin prisa. El jugo se detiene y dice: «No sé ni para qué corro, si yo soy el más natural ganador». El café tropieza y el té medita: «Con tanto estrés, siempre se derraman». Y el jugo, fresco, cruza la meta: «Al final, siempre soy el que vitaminiza la victoria.»