Un día, Paco decidió no ser supersticioso y rompió un espejo. Para compensar, pasó debajo de una escalera sosteniendo un gato negro. Se tropezó, cayó y aún en el suelo exclamó: «¡Uy, qué suerte! ¡No era martes 13!»
Un día, Paco decidió no ser supersticioso y rompió un espejo. Para compensar, pasó debajo de una escalera sosteniendo un gato negro. Se tropezó, cayó y aún en el suelo exclamó: «¡Uy, qué suerte! ¡No era martes 13!»