Un mago muy despistado decide impresionar al público haciendo desaparecer a su conejo. Agita su varita, dice las palabras mágicas y… ¡puf! Desaparece la jaula entera. El público aplaude, y él, muy serio, dice: «¡Vaya, creo que me pasé con el abracadabra! Si alguien ve una jaula flotante, avísenle que tiene que volver al espectáculo».