Un ladrón decide robar una comisaría, pero es tan despistado que se tropieza con el escritorio del comisario, despertándolo. El comisario, sin inmutarse, le dice: «¡Vaya, un ladrón en la comisaría! Esto es como si yo fuera a pescar y los peces subieran solos a mi bote. ¿Te ofrezco café o esposas para llevar?»