¿Por qué el ciclista nunca puede jugar al escondite? Porque cada vez que cuenta, no puede evitar decir: «¡Listos o no, allá voy!» y luego sus piernas lo delatan cuando empieza a pedalear en círculos. ¡Es que no puede dejar de practicar para la próxima carrera, ni siquiera ocultándose!