Baño agarrado por las orejas

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María bañaba a su hijo metiéndolo en la bañera agarrado por las orejas. Lo metía, lo dejaba un rato, lo sacaba. Siempre agarrado por las orejas.
El niño chillaba a lo bestia:
– ¡Pero María! ¡Qué bruta! ¿Cómo bañas así al niño?
-¿Y qué quieres, que me queme lar manos? ¡Con lo caliente que está el agua!