Un día estaba una cebolla llorando en la cocina. El tomate, preocupado, le preguntó: «¿Por qué lloras tanto?». La cebolla respondió entre sollozos: «Es que mi novio me dejó por una pera… ¡y resulta que ahora está guisando con ella! ¡No entiendo cómo pudo escoger una relación tan… empanada!»