Un día, Miguel estaba tan harto de que un gato negro cruzara su camino que decidió enfrentarse a sus miedos. Se paró frente al gato y dijo: «¡Ya basta! ¿Por qué siempre te cruzas cuando tengo prisa?» El gato, con aire de superioridad, le respondió: «Porque siempre me traes buena suerte. ¡Acabé de encontrar un billete bajo tus zapatos!» Desde entonces, Miguel evita caminar por la acera… ¡porque los gatos están comprando boletos de lotería!