El gato negro y su cambio de suerte.

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Una vez un gato negro entró a una tienda de espejos y, al cruzarse con su reflejo, pensó: «¡Caray, hoy sí tengo mala suerte!» Pero entonces vio al dueño lanzándole un trébol de cuatro hojas y dijo: «¿Es esto como funciona? ¡Me cambio al lado de la suerte!» Y desde entonces se dice que cuando un gato negro te cruza, va a traerte buena suerte… ¡siempre que dejes caer tus llaves primero!